La propuesta para el concurso de un nuevo edificio de la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile destinado a la docencia y la investigación, buscaba articular un diálogo con la casona del Campus Lo Contador, tomando como base las experiencias que esta construcción colonial enseña, lo que la arquitectura permite y la tradición de esta escuela y su aporte al país.

El proyecto propuso rescatar la condición material de la casona, el adobe y el ladrillo que dan condición a la masa que articula el habitar particular de este Campus, proponiendo un nuevo edificio denso y atemporal en su condición material.

El proyecto rescataba también las escalas y los espacios de transición, umbrales y zaguanes, entre interior y exterior propios de la casona, planteando un diálogo entre la masa envolvente y los espacios de trabajo individuales en la manera que estos se acercan a la luz, las perforaciones y abalconamientos de varias alturas.

Asimimo, el nuevo edificio se proyectaba como un contenedor lumínico que recogía los diferentes estados de luz que ingresan a diversas horas: desde el norte las ventanas se plantearon como obturadores de los rayos de sol y desde el sur, encuadres del valle donde la ciudad es el telón que recibe luz.

Por último, la propuesta reforzaba un borde hacia la calle Lo Contador, definiendo un sistema de traspaso hacia los interiores del Campus.

Propuesta realizada en conjunto con la oficina Harris e Illanes Arquitectos.